Fez: la capital olvidada de la marroquinería de lujo
I. La palabra
Hay una palabra que ha visto mil veces sin detenerse en lo que dice.
Maroquinerie. Adorna las puertas de las mejores boutiques de piel, de París a Milán. Suena elegantemente francesa. Parece pertenecer a Europa.
No es así.
Maroquinerie, que designa la marroquinería de lujo, se traduce como "trabajo marroquí". Su etimología no está oculta en archivos; se muestra a plena vista y confiesa el origen que el sector ha ido silenciando.
"La etimología es arqueología. Conserva lo que la historia ha enterrado." Antoine Meillet, escritor y lingüista francés
El oficio que hoy muchos consideran patrimonio europeo se forjó en la laberíntica medina de Fez. Para comprender cómo, debemos adentrarnos en el mundo que dio sentido a esa palabra.
II. La capital olvidada
Durante más de 1.200 años, Fez fue la capital imperial de Marruecos. Allí confluyeron tres fuerzas que la elevaron a capital mundial de la marroquinería de lujo y cultivaron las cualidades que definen al maestro artesano de Fez: la exigencia real, una destreza incomparable y el dominio de la geometría.
La exigencia real. Durante doce siglos, las sucesivas dinastías hicieron de Fez su fragua creativa. Los artículos de piel encargados para las cortes reales, las encuadernaciones de manuscritos sagrados, los estuches de instrumentos científicos y las carpetas para eruditos debían satisfacer el mismo nivel de exigencia que la arquitectura palaciega. El artesano que fallaba deshonraba a su familia, cuyo propio nombre a menudo procedía del oficio: Debbagh (curtidor), Sarrāj (guarnicionero), Kharraz (costurero de cuero). Esta presión, sostenida durante generaciones, forjó una cultura en la que solo sobrevivía la perfección.
Una destreza incomparable. Cuando Granada cayó en 1492, los maestros de la piel huyeron del derrumbe de Al-Ándalus. Fez se convirtió en su refugio y heredó 900 años de refinamiento andalusí. Estos artesanos aportaron una precisión manual extraordinaria: la capacidad de rebajar la piel a fracciones de milímetro, de plegar y coser con exactitud quirúrgica. La destreza por la que son conocidos los ma'alems de Fez procede directamente de esta herencia.
El dominio de la geometría. El sistema gremial de Fez, conocido como ḥanṭa, estaba integrado con Al-Qarawiyyin, la universidad más antigua del mundo, fundada en el año 859 de nuestra era. El oficio se elevó a matemática aplicada. La formación geométrica que permite a un artesano revestir una pared con un zellij perfecto es la misma que le permite calcular los complejos pliegues de un canto de piel.
Este entorno produjo una marroquinería de una calidad sin igual en el mundo.
Pero ¿qué queda hoy?
III. La herencia
Son pocos los ma'alems que aún conservan este saber. Las técnicas que preservan apenas existen en otros lugares.
Pensemos en el Rempliage: el arte arquitectónico del canto plegado. Donde los métodos industriales sellan el cuero al corte con pintura que termina agrietándose, el Rempliage pliega la piel sobre sí misma y crea una transición continua que no se degrada, sino que adquiere pátina. Exige precisión geométrica y una destreza extraordinaria: el artesano debe calcular ángulos y espesores a fracciones de milímetro.
Esta técnica se perfeccionó en Fez. Casi ningún atelier fuera de la ciudad puede ejecutarla a escala. Sin los maestros que poseen esta formación, el Rempliage desaparecerá.
No es una responsabilidad que Marruecos deba asumir en solitario. La alta marroquinería de Fez es una herencia mundial, forjada durante doce siglos, y requiere una custodia colectiva.
Conocer esta historia implica asumir una responsabilidad. La pregunta ya no es si Fez merece ser preservada.
La pregunta es si actuaremos antes de que sea demasiado tarde. - Amien Marghich
